jueves, 2 de enero de 2014

EL ROBLE TRISTE! … Quién no sabía quién era.


EL ROBLE TRISTE!
… Quién no sabía quién era.

Había una vez, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol de roble profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era.

- “Lo que te falta es concentración", le decía el manzano.
"Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. - ¿Ves qué fácil es?”

- “No lo escuches", exigía el rosal,
"es más sencillo tener rosas y - ¿ves qué bellas son?”

Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

- “No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior.”

Y, dicho esto, el búho desapareció.

¿Mi voz interior...? - ¿Ser yo mismo...? - ¿Conocerme...?, Se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió.

Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

- “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: cúmplela.”

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

MORALEJA: Nunca olvidemos que somos hijos de Dios, quién nos ama y desea lo mejor. Fuimos creados a la imagen de nuestro Padre Celestial, y tenemos el potencial de llegar a ser como Él. Por designio divino, tenemos dones, talentos y habilidades únicas que nos ayudarán a cumplir con nuestro destino divino.

Somos los arquitectos de nuestra propia felicidad.


(Esta historia fue escrita por un autor desconocido. La historia con su moraleja fue coleccionada, y recontada por Max Guerra Moscoso).