jueves, 2 de enero de 2014

EL ÁGUILA! ... Nunca nos demos por vencidos, porque después de cada prueba siempre llegan las bendiciones.

EL ÁGUILA!

El águila es el ave de mayor longevidad de su especie. Llega a vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, cuando tiene aproximadamente 40 años, deberá tomar una seria y difícil decisión.

A los 40 años, sus uñas se vuelven blandas y es incapaz de cazar a sus presas para alimentarse. Su pico largo y puntiagudo, se curva apuntando contra su pecho y no puede comer bien. Sus alas se vuelven pesadas y con sus plumas tan gruesas, volar se le hace muy difícil.

En este momento de su vida, el águila tiene solamente dos alternativas: dejarse morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación, que puede durar hasta 150 días.

Ese proceso consiste en quedarse en un nido en un lado de una gran montaña y golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo, luego se queda esperando que le vuelva a crecer y con él arrancará una a una las uñas de sus talones.

Cuando los nuevos talones comiencen a crecerle, comenzará a arrancarse las viejas plumas.

Aproximadamente tras un proceso de cinco meses, el águila totalmente renovada, será capaz de iniciar un vuelo que le dará 30 años más de vida

MORALEJA: Cuando nos encontramos débil, agotado, desanimado, es aconsejable que nos retiremos por un tiempo, para desprendernos de todo aquello que ha llegado a ser una carga para nosotros. Para renovarnos y adquirir ese nuevo entendimiento, que nos permitirá contemplar la vida de otra manera.

Nunca nos demos por vencidos, siempre luchemos y caminemos hacia adelante con firmeza y valentía… porque después de cada prueba siempre llegan las bendiciones.

Jesús nos dice:
”Él da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en el Señor, renovarán sus fuerzas, ascenderán con alas como águilas; correrán y no se cansaran; caminarán y no se fatigarán”. Isaías 40: 29-31


(Esta historia fue escrita por José Luis Prieto. La moraleja de esta historia fue agregada y la historia recontada por Max Guerra Moscoso).