jueves, 2 de enero de 2014

EL AGUA QUE QUERIA SER FUEGO! ... Aceptemos quien realmente somos.

EL AGUA QUE QUERIA SER FUEGO!

Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa. Y encender entusiasmos. Y hacer arder el corazón de los enamorados y ser roja y cálida.

Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama.

Así pensaba el agua de un río de montaña. Y, cómo quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios y pedir que cambiara su identidad.

"Querido Dios: tú me hiciste agua, pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. - ¿Puede ser?.

Señor, tú mismo te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego en la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal".

El agua, salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca como la nieve y dejó caer al agua un sobre muy rojo .

El agua lo abrió y lo leyó:
"Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua, yo lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua es siempre primero que el fuego."

Mientras el agua estaba embebida leyendo la carta, Dios bajó a su laso y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vió el rostro de Dios reflejado en ella.

Y Dios seguía sonriendo, esperando una respuesta.
Ella comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios, sólo lo tiene el agua limpia.
Suspiró y dijo: “Sí Señor, seguiré siendo agua, seguiré siendo tu espejo. Gracias."


MORALEJA: Aceptemos quien realmente somos. Cada uno de nosotros es único, peculiar y muy especial. Amémonos!
- Muchas veces no estamos conformes con lo que somos y anhelamos ser como otros pensando que no somos capaces de lograr lo que estos otros han logrado. Nos olvidamos que Dios nos ha dado la capacidad para transformar al mundo que nos rodea. Sólo necesitamos ponernos en Sus manos y estar dispuestos a que Dios haga la obra a través de nosotros.

En esta vida hay muchísimos ejemplos de personas que lograron transformar vidas siendo lo que eran. Personas que lo “poco” que eran ante los ojos de los demás y quizás ante los suyos, se convirtió en un tesoro inigualable en las manos de Dios.


(Esta historia fue escrita por autor desconocido. La historia con moraleja fue coleccionada y recontada por Max Guerra Moscoso).