jueves, 2 de enero de 2014

CÓMO SE ABRIÓ EL CAMINO! ... No sigamos como ciegos a un becerro.


CÓMO SE ABRIÓ EL CAMINO!

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque.

Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a sus compañeros seguir por allí.

Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino torcido que ya está abierto, sin preguntarse nunca si esa es la mejor elección.

MORALEJA: Nosotros … ¿Elegimos seguir el camino que conduce a la felicidad o seguimos tortuosos caminos que han hecho otros?

Hay sólo un camino que conduce a la felicidad y a la realización. Jesucristo es el Camino, y la Verdad, y la Vida. Cualquier otro camino, cualquiera que sea, es una locura! … porque son caminos tortuosos hechos por un becerro y guiados por guías ciegos e insensatos.

No sigamos como ciegos a un becerro. Si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.


(Esta historia fue escrita por Paulo Coelho y esta basada en un cuento tradicional de Portugal. La moraleja fue agregada por Max Guerra Moscoso).